UNA DE LAS POESÍAS DE "CUENTOS DE LA TERNURA"
VI
La mirada siempre
ha guardado
algunos
suspiros de la conciencia.
Una especie de
cronograma
de emociones y
sentimientos.
miro y me observan
Estoy por
dentro y desde afuera.
. . .
En mis mitos
teatrales
las secuencias
de mis humores deben cambiar.
Deben alejarse
de mi existencia y prevalecer en la mirada
de quien habita
mi conciencia
el rato
necesario
para contar su
propia historia.
Una especie de
atropello a mi propia psiquis.
A mi propia
idea de la existencia.
. . .
Estos textos se
escriben de atrás para adelante.
El último será
el primero
y el primero
quizá será olvidado en una mesa de escritorio
junto con todas
las palabras que alguien no leerá jamás.
. . .
La ternura
asalta mi conciencia desde los años que me importan.
Claro, tuve que
retenerla,
ausentarla en
los tiempos en los que fue necesario.
Comprobar ante
el fucking mundo
que ya no era
una niña.
El mayor asalto
que hizo la existencia.
(Jamás pude
perdonárselo a los años.)
Dejar de jugar
fue algo obligado.
Impuesto.
Una maldita
idea.
Por suerte llegó
el teatro (y la terapia)
Reconstruí mi
existencia.
Saqué revancha
a la vida,
a los años,
a las arrugas y
a las cuentas que pagar.
Soy hombre,
mujer, niño.
Fresca
alucinación escénica.
Miro desde los
ojos de quién yo deseo.
¡Sigo jugando!
Sigo mirando al
mundo con mis
ojos
simultáneos de niña.
