ya fue. yo también voy a escribir sobre #NoMirenArriba

 A Todos se nos escapa el método científico en muchas áreas de nuestras vidas. 

Creo que ya ni siquiera tiene sentido discutirlo. Cientos de miles de jóvenes han escrito tesis y monografías sobre esta discusión en todas las universidades del mundo. 

La discusión es hasta... vieja. Regresamos del positivismo total, para entender que había más cosas en juego. Leímos a Foucault y la conversación no daba para más. Parecía ser suficiente. Podíamos decir en una reunión que usábamos ajo para el herpes y luego comentar que el martes teníamos turno en el dermatólogo. Y nadie te diría más nada sobre eso. 

Y apareció el pinche virus Covid. Y  aquí nos encontramos quienes pensábamos en poesía teniendo que defender usar un barbijo y quedarnos afuera de una discusión sobre las vacunas. Nuestras opiniones sobre los grandes monopolios de las fórmulas médicas ni nos atreveríamos a prestarlo como argumento sentados al lado de un señora o señora que dicen que las vacunas son para no sé qué experimento. O que el virus no existe o muchas de esas cosas que todes hemos leído y escuchado.

Y el cine norteamericano ya se metió y sacó su película. Con la que obviamente voy a estar de acuerdo a pesar de ser una especie de panfleto obvio sobre los temas con los que hemos tenido que lidiar los dos últimos años de nuestra existencia.

Con una actriz que a pesar de sus crisis debido al particular momento que está viviendo siempre está perfectamente pintada y arreglada. Dice haber llorado toda la noche, pero sus ojos están intactos, y su maquillaje y peinado no se mueven durante toda la película. 

Un científico que a pesar de ser un asqueroso mercenario, termina siendo un buen padre de familia de quien todo lo bueno se puede esperar. 

Y defendiendo al método científico nos meten su religión cristiana, su idea fantasmagórica de familia feliz que como pie de manzana y la idea siempre permanente de que los político son todos una mierda. Más alla de que Meryl Streep como siempre hace fabuloso todo lo que toca. Es como la reyna Midas de la actuación. Cualquier personaje que hace es una joya, cosa que los guionistas deberían agradecer enfáticamente. Di Caprio también actúa fabuloso como siempre. 

Todo el reparto es genial. Las actuaciones son muy buenas y hasta el  guion está bien. 

Pero no deja de tener ese tufo de cine norteamericano que no pretende tocar ningún animalito de cristal de la sociedad capitalista. Sólo señala al más malo de los malos. El villano caricaturizado que podría haber salido de cualquier historia de Marvel. 

Hasta ahí llega.

No es difíicil ver qué conceptos, qué cosmovisión nos trae la peli. es muy obvia:

familia, ciencia, sentido común, antipolítica, religión, moda; todo eso en una peli seudo ciencia ficción muy bien actuada y dirigida. 

Lo del aspecto de la científica fue el primer momento de contractura que tuve con la peli. 

Pensé: ella no puede estar siempre tan bien maquillada y hermosa. Me llamaron la atención sus sweteres de hilo, todo como de revista... 

Y los personajes son bastante obvios y esteriotipados incluso para una peli norteamericana.

Tiene frases muy buenas: "le sacamos una maldita foto". esa frase es genial. 

Esa frase nos ha hecho sentir comprendidos a todes quienes hemos estado lidiando con esa discusión sobre si el virus existe  o no. Hemos tenido que estar del lado del positivismo para no enfermarnos ni enfermar a otres más vulnerables. Y la peli nos trae algo de eso. Como para saber que en todos lados se dio esta misma discusión. 

Y creo que eso es lo que nos gusta de esa peli, la sensación de que todas esas discusiones se dieron y se están dando. Y como lo hace Meryl Streep y Di Caprio, se puede disfrutar de una peli que podrías ver comiendo una pizza rica cocinada en horno de barro.

En fin... soy directora de teatro, no de cine pero me dieron ganas de compartir mis ideas sobre esta peli que nos ha hecho hablar un rato y poner me gusta en las redes sociales.  

ÚLTIMOS DÍAS DE UN AÑO (agregue usted misme el adjetivo calificativo)

 

Vacunarse o no hacerlo. Enfermarse o no. Cuidarse o dejar la estela de toses y síntomas.

Y habrá cientos de miles de opciones más.

Lo difícil de todo esto es que muches tenemos miedo y preocupaciones.

Sobre la enfermedad, las secuelas, los síntomas, les seres querides, las consecuencias de las vacunas y la economía propia.

Yo decidí vacunarme.

Creo en la ciencia a pesar de que haya quedado metida entre los malditos lazosde la propiedad privada.

Así como vivo una intensa vida espiritual rechazando todas las religionesy sectas o participo en política pero no creo en ninguna de todas las opciones de derecha y de derecha lavada.


El año pasado fue difícil pero nos dio la posibilidad de tener tiempoen nuestras propias casas. A ese tiempo cada quien llegó con lo que tenía. herramientas y recursos para soportar la existencia y la incertidumbre.





Este año fue más difícil, por lo menos para mí. Tuvimos que trabajar de manera presencial, seguir haciendo cosas virtuales y el miedo latente a contagiarse o contagiar a otro más vulnerable. Por suerte tuvimos unas semanas de respiro. Pudimos abrazarnos y estar cerca. Soñar despiertos con la posibilidad de que todo había terminado.


Yo estoy esperando el momento en el que todo esto sea normal.Y que hayamos cansado tanto al bicho como para que sea algo leve tener o no tener covid 19.

Supongo que de a poco aprenderá a convivir con nosotres sin matarnos.Así como fue la gripe u otras enfermedades.



Por ahora, sólo podemos decidir algunas cosas; vacunarnos, cuidarnos, cuidar al otre. Y pensar si queremos o no seguir viviendo en un mundo tan desigual que ni siquiera hemos podido ponernos de acuerdo para que no muera tanta gente.Eso es lo más difícil.

Vivimos en sociedades desiguales, horribles. Esta vida nos ha llevado a ser casi inmunes al dolor del otre.A la muerte del que no conozco personalmente.

Han muertos miles de personas por hambre, enfermedades tratables, pobreza y covid 19.

¿Hasta cuándo seremos tan insensibles?

que se calle el macho, que no me escucho a mi misma

 Cuando era más joven y no sabía casi nada, prestaba atención a quien me enseñara algo que valiera la pena. 

Así aprendí a leer y escribir.  Presté atención a los textos y a las personas que me hacían experimentar y renovar la visión del mundo que  generaba. Así fueron las cosas y siguen siéndolo cuando hace falta.

Empecé a hacer teatro y entendí para qué había llegado a la existencia y tuve la misma actitud que en el resto de mi vida: escucho, si vale el tiempo usado, sigo escuchando.

Estuve al lado de Lorenzo Mijares durante años. Escuché cómo trabajaba con los técnicos de los teatros,  actores y actrices. Presté atención a cómo creaba y  observé con admiración  cómo se movía como pez en el agua dentro del escenario. Tuve un gran maestro, generoso y muy talentoso. 

Con los años, empiezo a sentir que estoy creando mi propio lenguaje, empiezo a derramar en el escenario este mundo de emociones que tanto agita mi ser.

 Hice mucha autocrítica como mujer, como artista, como proyecto de intelectual. He pasado muchos años preguntándome si todo lo que digo, pienso, siento y hago es congruente. No siempre puedo  responderme que sí, pero creo que mis incongruencias no son demasiado graves.  

El asunto ahora es poder empezar a disfrutar de esa terrible cosecha que me espera en los años siguientes de mi vida. Quizá estoy justo a la mitad, por lo menos, a la mitad de seguir subiéndome a los escenarios. Me veo viejita, con mis huesos rechinando más que las maderas.

Pero como mujer hay estar a los codazos. Los hombres no dejan de opinar y dar indicaciones de todo lo que se hace. 

Abracé el feminismo el día que me dí cuenta de lo injusto (sistemáticamente injusto) que es todo para las mujeres. Incluso para las mujeres de la clase dominante.

El feminismo vino a hacerme saber que había vivido en un mundo hecho a la medida de los machos. Y lo cierto es que, incluso al lado de hombres muy sensibles y comprometidos con la igualdad, pude notar cómo les jode que las mujeres hayamos decidido cambiar este sistema que nos hace estar por debajo. Siempre por debajo. 

Las características de mi familia, hicieron que me criara en un contexto particular en el que el ser mujer no me limitaba demasiado. Tuve otros problemas, pero siempre he sido una persona convencida de lo que hago y quiero. Tuve y tengo que pelear mucho para poder ser quien soy. 

Ser artista independiente en un mundo capitalista y patriarcal, créanme, no es fácil. Haberme  negado al camino fácil de la academia (camino para el que estaba prácticamente diseñada) sólo hizo, quizá, complicarme el aspecto económico de mi vida. Pero me dio una libertad infinita. Un soltura fresca. 

Siempre digo que soy locomotora de proyectos. Desde hace años aprendí que no hay excusa para no hacer teatro. Incluso, en este 2020, estrené 3 obras. Me resulta la vida más agradable en todos los aspectos, cuando estoy haciendo teatro. 

Soy directora de teatro y actriz. Tengo una visión global del hecho escénico. Y puedo desarrollarlo todo, desde las escenografía hasta la intensidad de las luces y los conflictos personales de una actriz para desarrollar su personaje. Puedo trabajar sobre el escenario actuando y preocuparme si a la luz de la esquina del escenario hay que bajarle la intensidad. Yo soy eso. Una fibra más de la escena en cuanto a teatro hablamos.

Y no sería tan necesario hacer inventario de mis características como artista si no tuviese a los hombres dispuestos a ocupar espacios que no les pertenecen. Puede ser desde pintor hasta fletero, pero el macho humano se comporta como si yo necesitara de su opinión para cada cosa que hago. Y claro que está bueno recibir ideas y opiniones...pero ¿todo el tiempo? no sería posible que si a los 41 años cuento más de 10 obras estrenadas bajo mi dirección y tantas otras como actriz, no sería posible que yo supiera si las luces del escenario deben ser azules o amarrillas? No sería lógico pensar que no hace falta decirme qué lugar tengo que usar para sentarme durante la función? Y estoy citando ejemplos reales que viví.

Y además siempre está ese tono casi afrancesado chauvinista porque la opinión masculina tiene un peso promedio mayor al de cualquier mujer. Si el hombre opina, de lo que sea, aún en neurocirujia siendo astrónomo, esa opinión debe ser tomada en cuenta por encima de la de la mujer especializada en lo que se está haciendo o discutiendo. 

Yo no me he relacionado en el ámbito de las ciencias exactas, no sé cómo es ahí realmente. Pero del ámbito del arte,  la cultura y la política, sí conozco mucho y es tan cansino; tan desagradable tener que filtrar todo el tiempo qué opinión vale la pena y qué opinión sólo es porque el hombre aun no puede soportar que la mujer decida y haga según su parecer.

Antes, nos tenían confinadas a las tareas domésticas y posiblemente ahí teníamos algunas libertades para decidir: arroz o fideos. Pero seguramente en aquella época los hombres también tenían opiniones sobre qué repulgue era mejor para cerrar la tarta. No importa el tema o la época, el macho humano no sabe callarse ante el conocimiento y la experiencia de una mujer.

El asunto es que  podemos tener experiencia y conocimientos , tanto como cualquier otro hombre, pero aún vivimos en una sociedad en la que Raúl cree que tiene algo para decir en temas que ni siquiera entiende del todo. 

Y a las mujeres nos han enseñado que esa opinión es válida. Debemos escucharla y tomarla en cuenta. Es más, si la tenemos que desechar por inservible, antes, tenemos que comprobarla empíricamente.


Escribo esto después de algunas experiencias que he tenido. 

Con los años acumulo anécdotas en las que me han negado trabajos, sólo por ser mujer. O situaciones en las que los hombres han querido abusar de mi cuerpo en la misma escena o fuera de ella.

He desarrollado mi vida y mi pasión en un continuo tránsito de experiencias que yo misma me he otorgado. Dejé la opinión de mi papá junto a su tumba antes de que él mismo muriera y he conseguido filtrar durante años lo que un hombre o una mujer me podían sumar a esta larga experiencia humana que es la existencia.

Y seguiré así, porque esa es mi fibra más interna. Cuestiono y me repregunto.

Sólo deseo que el macho humano aprenda que su opinión no es imprescindible.