que se calle el macho, que no me escucho a mi misma
Cuando era más joven y no sabía casi nada, prestaba atención a quien me enseñara algo que valiera la pena. Así aprendí a leer y escribir. Presté atención a los textos y a las personas que me hacían experimentar y renovar la visión del mundo que generaba. Así fueron las cosas y siguen siéndolo cuando hace falta. Empecé a hacer teatro y entendí para qué había llegado a la existencia y tuve la misma actitud que en el resto de mi vida: escucho, si vale el tiempo usado, sigo escuchando. Estuve al lado de Lorenzo Mijares durante años. Escuché cómo trabajaba con los técnicos de los teatros, actores y actrices. Presté atención a cómo creaba y observé con admiración cómo se movía como pez en el agua dentro del escenario. Tuve un gran maestro, generoso y muy talentoso. Con los años, empiezo a sentir que estoy creando mi propio lenguaje, empiezo a derramar en el escenario este mundo de emociones que tanto agita mi ser. Hice mucha autocrítica co...